A veces, las preguntas más sencillas son las que nos hacen llegar a las ideas más revolucionarias. Cuando Javier era solo un niño, de vez en cuando, ayudaba a su familia en el campo, en unas tierras cerca de Alicante. Tan pronto sacaba las malas hierbas como asistía en la recolección del cultivo. Recuerda que “en el campo siempre hay cosas que hacer” y que fue durante esas experiencias cuando el interés por la agricultura y la robótica se despertó en él. “Si hay tantas malas hierbas por recoger, ¿por qué no se encargan los robots en lugar de las personas?”, se preguntaba. La agricultura siempre le había parecido un sector interesante porque le recordaba a la exploración espacial. “Trabajas sobre un terreno rugoso, que no está preparado y se tienen que pensar nuevas formas de trabajar sobre él”. Con un grado en Ingeniería Mecánica y una mente inteligente, este emprendedor empezó a construir con solo 25 años un tractor autónomo, del tamaño de un cortacésped, para automatizar el arado y la recolección de cultivo de una forma sencilla.

Su propuesta fue un éxito pero rápidamente se dio cuenta de que no tenía viabilidad económica en el sector agrícola. “La gente que trabaja en el campo cobra tan poco que un robot no puede competir con una persona porque siempre será más barata y no habrá retorno de inversión”, cuenta Javier Martínez García. Así nació Odyssey Robotics, una empresa de robótica para el sector industrial que diseña, desarrolla e instala sistemas de guiado por visión artificial convirtiendo cualquier máquina en un vehículo autónomo.

“En los almacenes hay trabajadores que están todo el día llevando productos de un sitio a otro haciendo el mismo recorrido. Las empresas más modernas automatizaron estos procesos en los años 70. El problema es que esta tecnología se ha quedado antigua y solo es capaz de moverse en línea continua sin obstáculos de un punto A a un punto B”. Por el contrario, en Odyssey Robotics pueden conseguir que cualquier proceso que requiera inspección visual y se esté haciendo ahora con la vista de una persona sea substituido por una máquina autónoma.

Desde el recuento o la inspección de cajas hasta el análisis de los productos que contienen. Las aplicaciones de la visión artificial son múltiples en la logística y en un momento de sed por los datos en la industria 4.0, la propuesta de Javier Martínez García resulta una verdadera tentación. “Con nuestra tecnología las máquinas pueden navegar tanto en interiores como en exteriores y llevar un control en tiempo real de lo que sucede”.

“La visión artificial registra en vídeo un mapa 3D del entorno e intenta entenderlo para ofrecer información accesoria que ahora mismo no se tiene”. La máquina hace fotos de todo lo que va viendo en su recorrido para luego analizar datos que la empresa necesita.

El proyecto de este alicantino prometía tal revolución desde el principio que, en 2017, obtuvo el primer premio del programa de emprendimiento Explorer, Jóvenes con ideas, promovido por Santander Universidades para impulsar el talento emprendedor universitario. Con una dotación de 30.000 euros, Odyssey Robotics era considerada la mejor idea emprendedora del año.

El principal valor añadido de este proyecto es que, aparentemente, su tecnología no tiene límites. “Podemos identificar cambios de ubicación y estado de los recursos así como llevar a cabo inventario en tiempo real. También pueden convivir operaciones manuales y automáticas ya que es la máquina la que actualiza el estado y ubicación. Además, la superficie de navegación es ilimitada y el sistema se puede ampliar para detectar el estado de la mercancía o incluso revisar el desgaste del suelo y otras anomalías”, aclara.

En exteriores, por ejemplo, les han pedido hasta encontrar a gente que se ahoga en playas. Con una cámara que ve una panorámica general de la gente son capaces de crear una alerta al socorrista que está de servicio: “A través de algoritmos podemos identificar las personas que están en el agua de manera que si alguien supera un determinado tiempo debajo del agua podemos crear un aviso y, en este caso, ser un complemento muy bueno para los socorristas”.

En la actualidad, la mayoría de sus clientes son grandes centros logísticos con mucho movimiento de material. Buscan soluciones concretas y, aunque suelen ser conservadores, también tienen que pararles con frecuencia los pies. “En la industria es especialmente valiosa la estabilidad, por eso, cuando te planteas introducir una disrupción tecnológica de estas características es complicado convencer a nuevos clientes”, admite Martínez.

Sin embargo, también acuden a ellos con frecuencia empresas que quieren hacer grandes cosas. “Lo que hago es irme a ver el problema para tener una visión de campo y proponer soluciones en armonía con el tipo de negocio que tienen. La idea no es tener mucho sino tener lo que necesitas. Esto el cliente lo valora porque así ganamos todos. Además, una vez hemos terminado el proyecto les explicamos cómo tener el control de la máquina sin necesidad de acudir a nosotros si tienen que hacer alguna rectificación en los procesos”.

Aunque no directamente, la introducción de la robótica implica en su opinión “que el nivel de vida y la valoración de cada ser humano aumente. En los países menos desarrollados, una sola persona lo hace todo mientras que la idea de los robots es que las personas tengan espacio para desarrollarse”. Convencido de que la robotización será total, “las personas tendremos que estar allí donde hace falta inteligencia”. Y es que, aunque “igual a corto plazo sí haya conflicto”, cree que a la larga todo se resituará.

 

Robot holds a finger near the head. 3D illustration